Cuando la presunta inocencia se torna culpabilidad

Como bien sabrán ustedes está dilucidándose sobre si el rey emérito es susceptible de ser juzgado en España por ciertos presuntos delitos económicos, fraude fiscal, etc. entre otros.

Lo cual invalida, al contrario de lo que pretenden ciertos monárquicos, conversos y alguna ministra magistrada, la presunción de inocencia. Lo que realmente se dirime, como indico en el primer párrafo, es su condición de inviolabilidad. Es su irresponsabilidad la que está sometida a dictamen. Por tanto, si es, o no, un ciudadano (juzgable), no la presunción de inocencia.

Tratándose de un personaje de mucha y real envergadura, está en su mano renunciar a dichos privilegios y someterse a las mismas condiciones que sus amados súbditos, a los tribunales de este país. Aunque por ser quien es, serían las más altas instancias, las encargadas de su proceso judicial. Lo cual me trae a la cabeza el famoso proverbio español que dice: los trapos sucios se lavan en casa.

¿Cree, seriamente, alguno de los lectores, que aquellos que han comido a su mesa de forma particular o protocolaria, aquellos que loaron y adularon al protagonista de la celebración del año judicial serán capaces de juzgarle con imparcialidad?

No solo parece existir una defensa a ultranza y desnortada, mediática e institucional, (aunque hay excepciones) de una institución anacrónica, poco transparente, rodeada de privilegios y representada por alguien no ejemplar: sus aventuras sexuales extramatrimoniales, prolongadas en el espacio y tiempo, los corruptos de su círculo laboral e íntimo, por citar algunos, pasan a un sexto plano. Si hubiera que defender una institución debería distinguirse claramente de su representante circunstancial. En palabras de Sr. Zapatero, cueste lo que cueste y cueste lo que me cueste.

No voy a entrar ni en el análisis del escrito de la Casa Real ni a valorar el abandono de su amada España, ya lo han hecho otros y de manera prolija, pero, si es cierto lo que afirma El Confidencial, que su destino pérsico anula cualquier extradición al país helvético, puedo concluir que, además de una conjunción astral encaminada a defender lo indefendible y que no se da puntada sin hilo, la presunta inocencia se torna culpabilidad: un campechano va de frente y a calzón quitado.

Por su inviolabilidad e irresponsabilidad, por el desinterés y por la incapacidad de juzgarle por parte de las instituciones democráticas españolas, tampoco deberían sacar los trapos sucios los tribunales extranjeros (la cantidad de trapos y el tipo de suciedad podría reconocerse en terceros) y no vaya a ser que deje cerco o resulte indeleble.

El que nos saquen los colores es irrelevante para el país, pues tanto el TJUE como el TPI e incluso la propia ONU ya lo han hecho en numerosas y vergonzosas ocasiones, incluso de nuestra reciente historia democrática, pero no para el que escribe.

Presbicia y estrabismo en política

Las leyes y su interpretación se manifiestan de forma escrita, en los diferentes códigos y sentencias judiciales. Son, por tanto, medios escritos con ausencia de movimiento a excepción de aquel necesario para escribirlas.

En el debate parlamentario prima también el discurso en forma de audio y su consolidación escrita como transcripciones de lo dicho.

En las reuniones de alto nivel: negociando acuerdos entre países, partidos, etc. también prepondera lo escrito y como mucho unas fotos del acontecimiento, tanto al inicio y como al final del evento.

En definitiva, la imagen que prepondera, de haberla, es estática en forma de fotografía, por lo que si uno se mueve corre dos riesgos: quedar fuera, salir borroso e irreconocible o todas a la vez.

La presbicia es un mal de la vista fruto de la edad y por la rigidez del cristalino que impide la correcta visión de los objetos cercanos y en concreto dificulta la lectura, puede corregirse por diversos métodos.

El estrabismo es otra enfermedad ocular que trae como consecuencia la incapacidad de ver con profundidad o en tres dimensiones y puede ocasionar diplopia.

Un partido político naranja «el partido» parece haber alcanzado la madurez y, por tanto, comienza con ciertos problemas de presbicia que sumados a su estrabismo con la diplopia asociada (doble visión, que provoca bandazos) ha querido corregir ambos males con unas gafas especialmente diseñadas, unas que le han permitido ver españoles (no sé si españolas) gesticulando, pero de lo que no se han percatado, pues no eran las adecuadas, es que no eran jaleos, eran collejas por no ver bien y demostrar una nula coherencia:

Piden mociones de censura instrumentales, con el fin de convocar elecciones y que hable el pueblo de forma directa y la hipocresía política se evidencia en lo ocurrido en la Comunidad de Madrid. La sentencia de la Gürtel manifiesta de forma clara una condena civil, a título lucrativo, al PP y las prácticas que se estaban juzgando ocurrieron en dos ayuntamientos de dicha comunidad: Pozuelo y Boadilla.

Aguado y «el partido» tuvieron la posibilidad de aceptar la moción de censura o provocar una convocatoria electoral. Esta última posibilidad sigue vigente y dispone de la capacidad para promoverlo, pero como indicaba anteriormente hipocresía no es solo hacer lo contrario de lo predicado, es hacerlo de una manera falsa, ocultando los intereses, que en este caso no son otros que los puramente de partido y electorales.

Ir vs Echar

El pasado 1 de junio el Congreso de los Diputados decidió, por 180 votos a favor, apoyar la moción de censura propuesta por Pedro Sánchez y el PSOE.

Como bien han recalcado algunos líderes de los partidos políticos que votaron a favor de la misma, no fue un refrendo a Pedro Sánchez y su programa, fue una expulsión en toda regla del Partido Popular de la máxima institución de gobierno de España y personificada en la figura de M. Rajoy como Presidente de Gobierno.

A pesar de que algunos socios del Gobierno y del PP le reclamaron elecciones anticipadas (la disolución de ambas cámaras) acentuando su incongruencia política y egoísmo electoralista, ésta nunca se produjo.

Echado que no ido de la presidencia del gobierno, M. Rajoy dimitió de la presidencia de su partido y abandona la política. En este caso decide irse, por propia voluntad, no sé si por coherencia, porque está agotado tras su gran labor como dirigente del partido y como presidente del gobierno o por todas.

Ahora bien, ni se queda en la calle ni con una mano detrás de la otra (es registrador en excedencia y goza de la posibilidad de ser miembro del Consejo de Estado). No me da pena ninguna, pues no se va a vivir ni de la caridad ni debajo de un puente (tiene un casoplón en Aravaca).

De otra parte, parece que su abandono de la política es una gran pérdida para todos y, por tanto, para el pais. Muchos, tanto compañeros (esperable) como algunos líderes de posiciones opuestas alaban su personalidad, aunque en algunos casos distinguen su faceta privada de la pública.

Personalmente, la privada me interesa dos pepinos. Ni le conozco ni tengo interés en perder mi tiempo con persona como él, aunque ni me impide ni me excusa de educación y protocolo para con el referido o ese del que le hablo.

Ahora bien, como figura pública, es decir, en su faceta política: líder de un partido, presidente del gobierno, etc. sí me interesa y como tal y sin esperar a un análisis remoto de la historia, su legado y el de su partido (durante sus años de gobierno) puede calificarse como nefasto sin paliativos: corrupción, uso torticero de las instituciones del estado con fines lucrativos y políticos que van desde la obra pública hasta el ente de RTVE, pasando por el Tribunal Constitucional, el CGPJ, restricción de las libertades civiles, flagrante machismo, olvido de la historia, el problema catalán, indultos dudosos, desmantelamiento de servicios públicos y un largo etc. Para más información están las sentencias de los tribunales, las dimisiones políticas y la prensa.

Ahora bien, como parece norma, siempre hay algo que debe haber hecho bien: el milagro económico del PP y M. Rajoy.

No voy a negar que estamos en mejor situación económica que allá por el 2008-2011. Así al menos parecen mostrar los indicadores macroeconómicos. No voy a entrar en la discusión de los mismos, pero asumiendo su validez y tono positivo, la pregunta importante a contestar es:

¿Ha merecido la pena tomar ese camino para alcanzar dichos objetivos?

La respuesta es un NO categórico, fue una victoria pírrica o nos hemos dejado demasiados pelos en la gatera. Recordando a Groucho:

Nos han sacado de la nada para alcanzar las más altas cotas de la miseria.

Formulemos entonces otra pregunta.

¿Había rutas alternativas? . A nuestro vecino de la izquierda, en el mapa geográfico y político, me remito (Portugal).

Por tanto, no parece descabellada la primera calificación: nefasta.

Para terminar y como lo cortés no quita lo valiente, despediré a Mariano Rajoy con otro refrán popular: tanta paz lleves como descanso dejas.

La incoherencia en política

Ya lo indicó el Sr. Echenique, todos tenemos que vivir con incoherencias, pero hay una pequeña distinción, si el origen es interno o externo, impuesta por terceros.

Las más preocupantes son aquellas que califico como internas. Independientemente del origen de las creencias o de la verdad sobre las mismas, un vegetariano rechaza la carne y el pescado, toma tofu, llega a no comer ni leche ni huevos, etc. Si no es forzado por terceros a ello, el hecho de que rompa ese voto alimenticio es una coherencia interna.

Esto mismo es aplicable al caso de chalé de la pareja de Podemos, pervertido con el referéndum, pues las incoherencias internas no las resuelven terceros, pero el autoengaño hace su función. No es de recibo no preguntar por el hecho causante de los males y asumir las consecuencias. Si desean la casa que lo digan y asuman sus incoherencias, un tercio de los votantes ha expresado su rechazo al casoplón, al menos.

En lo que respecta al partido tenemos otra incoherencia, mucho más grave que la anterior y de consecuencias más desastrosas: que siga gobernando y presentándose a las elecciones un partido corrupto, que utilizó fondos de comisiones para financiar sus campañas electorales gracias a porcentajes de contrataciones y otras artimañas.

El señor Rivera y sus adláteres claman como posesos elecciones generales, pero ¿qué valor tiene lo dicho para lo general y no para lo particular, es decir, Madrid? Esperó, consintió y consiente el gobierno del mismo partido corrupto en dicha comunidad y, esta vez, sí está en su mano presentar una moción de censura y convocar elecciones. Pero el señor Aguado, haciendo honor a su apellido y respetando las consignas del capital, al que obedece su formación, no lo hará.

Esgrimir como argumento naranja que obtendría la presidencia del gobierno el Sr. Sánchez con los votos de los independentistas o aquellos que rompen España, solo puedo decir que dichos votos son tan válidos como los suyos y parece que el PSOE no se los pide.

La otra argumentación es que sumarse, con el voto favorable, a la moción de censura, es votar con los independentistas. Otro argumento tan falaz como el anterior. Es como abstenerse de votar la declaración de los Derechos de la Infancia porque votan a favor Cuba y Venezuela, por poner unos ejemplos de países no afines.

A veces deben reconocerse los hechos: algunos partidos están mejor posicionados que otros y las reacciones tardías se pagan de muchas formas.

No controlar los tiempos, les duele, pero más les va a doler si no apoyan la moción de censura, se le verán las vergüenzas, como se han visto y ven en la Comunidad de Madrid.

El paso del mito al logos

En las clases de filosofía me explicaron lo que había sucedido en la Grecia Antigua, donde un conjunto amplio de pensadores abrazaron la racionalidad y desterraron las tradiciones explicativas ocurrentes.

Desde unos meses atrás, comenzando por los políticos profesionales, parece que también muchos ciudadanos comenzamos a realizar un proceso reflexivo sobre ciertas instituciones a las que se les otorgaban dos características relevantes: impunidad y prestigio.

Dichas instituciones son la judicatura y la educación universitaria y, por comprensión todos sus miembros. Por tanto, comienzan a desmoronarse dos mitos o ídolos de barro: magistrados y profesores universitarios, en especial los catedráticos, dado que son los más poderosos.

Al respecto de este desprestigio y falibilidad es importante considerar ciertos hechos:

Cualquier institución es el reflejo de la sociedad en la que surge y existe. Siendo esta última, la única capaz de cambiarlas, cuando se han fosilizado en el pretérito imperfecto.

Los miembros de estas instituciones son humanos y están sujetos a las mismas pasiones y sesgos que cualquier otro. Sí les reconozco, por sus conocimientos y habilidades, la capacidad de convencer (engañar) al menos versado o retorcer los argumentos hasta límites insospechados.

Cuando la sociedad civil, manifiesta un completo desacuerdo con sus actividades (los fallos o títulos universitarios) se sienten, cuando menos, molestos y surge un grado mayor o exacerbado de corporativismo, en lugar de transparencia y tratar de mejorar sus procesos internos de control, si es que existen.

Algunos podrán alegar y alegan que son apolíticos, que no votan, etc. Pero lo cierto es que al estilo del lema del Ministerio de Hacienda, la ignorancia política y sociohistórica no le exime de sus deberes y obligaciones como ciudadanos y personas y, como funcionarios públicos, tienen deberes y obligaciones y, por tanto, son responsables del buen funcionamiento de sus respectivas instituciones.

En la democracia española, está tocado el poder ejecutivo, el legislativo, el judicial y ahora el educativo.

En lo que respecta a este último y de continuar los medios de comunicación y la sociedad civil denunciando y con algún juez responsable, que los hay, auguro sorpresa, asombro y vergüenza ajena.