¿Qué tienen que hacer… para que no se les vote?

Sigue el partido popular envuelto en la corrupción. Aparecen nuevos cargos implicados en los casos ya conocidos: Púnica, Gürtel, etc.

Están muy tranquilos, así lo manifiestan algunos de sus líderes, porque son casos viejos, no hay ninguno nuevo.

Realmente, dicho razonamiento es una desfachatez propia de políticos descarados y farsantes o con una capacidad de raciocinio dudosa, a la altura, como máximo, de la estulticia.

Por el contrario, del hecho de que sigan apareciendo dirigentes del PP, altos cargos del partido, vinculados a casos de corrupción antiguos se deduce:

  1. De forma directa, el vasto grado de podredumbre existente en el Partido Popular. Un cáncer de dimensiones colosales.
  2. Y de forma indirecta; visto el posicionamiento en la estructura del partido de los imputados, resulta imposible creer que los que figuran por encima en el organigrama -por cierto, bien pocos- estuviesen instalados en la ignorancia o, en el peor de los casos, no fuesen partícipes de tales prácticas, como destinatarios, como repartidores, o de ambas.

Al contrario que cuando la justicia es impartida a clases medias y bajas, resulta difícil demostrar todos los hechos y cuantificar el desmán, pues quienes participan de la corrupción cuentan con un montón de posibilidades para proceder a la ocultación de la misma. Baste con decir que desde el poder y utilizando sólo algunos de los mecanismos que este provee, es más fácil entorpecer, retrasar la aparición de informaciones o destruir pruebas de forma intencionada.

Asumidos los casos de expolio a la ciudadanía, pillaje de las arcas públicas, y robo institucionalizado, hay dos reflexiones adicionales que quiero compartir con el lector:

El fraude fiscal inherente a este tipo de comportamientos, pues hablamos de cajas B y, de otra parte, el promovido por este montón de ladrones institucionales, confesos o no, condenados o no, que se enorgullecen de dichas prácticas y como fin último disponen amnistias fiscales y aprueban indultos. Y, para terminar, manifiestan a través de los medios de comunicación y a los cuatro vientos… su dolor, sufrimiento e indignación, pues han sido condenados injustamente, es decir, que son inocentes.

Es cierto también, que las medidas o cuidados se relajan cuando el corrupto, tras la reiterada práctica y sin que le hayan descubierto, comience a creerse en una primera fase, impune y en la final, piense que esa es la forma natural de trabajar y, por tanto, que esa manera de proceder con agilidad y dinamismo no constituye una ilegalidad.

Cuando además, amparando al corruptor, son las altas instituciones del estado las que afirman y espetan que no somos todos iguales ante la ley y que no todos somos Hacienda. Afirmaciones ambas ciertas, acorde con la realidad descrita y, por tanto, contrarias a derecho, resulta increíble que, teniendo como misión la defensa de los intereses públicos -de todos- y obedeciendo únicamente a intereses espúreos, pueda decirlas un trabajador público y no le acarree ninguna consecuencia.

A estas alturas, y como cierre, le solicito al lector dos nuevas reflexiones: la primera sobre la pregunta formulada en el título del artículo y, la segunda, si necesita más argumentos para no votarles.

¿Presunción de inocencia?

Según la RAE inocencia es equivalente a candor y sencillez o exención de culpa en un delito o mala acción.

De acuerdo al debate político actual todo el mundo parece consciente, desde hace bastante tiempo, que estamos en una época de crisis.

Disponemos también de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General, en la que se señala que los diputados y senadores ejercerán su mandato en régimen de dedicación absoluta y que ésta será incompatible con el ejercicio de cualquier otra actividad retribuida.

Tras lo dicho parece imposible que ciertos casos de incompatibilidad sean posibles en este país, pero dado que al autor de las leyes no rebosa ni candor ni sencillez y toda acción antiética debe maquillarla… se inventan un coladero que es la aprobación por parte de la Comisión del Estatuto del Diputado, que dicho sea de paso, nunca deniega.

Dicho esto la inocencia en los políticos no debe presumirse… todo lo contrario, la culpabilidad es principio.

Si a todo esto se le añade que cuando algo no ético se hace, siempre buscan el momento propicio.

Más de lo mismo, recientemente se ha levantado la liebre en el Reino Unido por los escándalos de abuso en gastos oficiales, en los que no se salva ni el Tato.

La solución ofrecida es devolver lo estafado, cuando según la más mínima consideración ética, no sería cuestión de devolver lo estafado, además de los intereses de demora… lo más importante es que se dimita como político y se vaya a la cárcel, pues el delito no consiste exclusivamente en moneda, también deberán contemplarse el abuso de poder y la ejemplaridad de la condena.

Para concluir, ¿y aquí qué?

Nuevo ejercicio democrático

Las elecciones a Rector se celebrarán el próximo 25 de abril, día de la Revoluçao dos Claveis en nuestro vecino Portugal. En el año 1974 y al son de Glandola Vila Morena comenzó el levantamiento militar que finalizó con el derrocamiento del régimen dictatorial de Salazar.

¿Será, tan significativa fecha, el comienzo de la revolución pacífica de los trabajadores de la Complutense, a la conquista de los derechos inalienables y una jornada en contra de la dictadura Rectoral?

¿Será un resurgir de los movimientos sociales complutenses, un movimiento asambleario fuerte, donde las decisiones las toman las bases?

O continuaremos, por contra, en el antiguo régimen, con gobernantes ya conocidos y resabiados, en el que se promueve la descentralización, la gestión transparente, el voto equitativo, la promoción laboral, la eliminación de la precariedad y los trabajos encubiertos, la agilidad en los pagos, en definitiva la eficacia y el ejercicio de las profundas convicciones democráticas: libertad, igualdad y fraternidad.

Tras lo dicho y con lo que habrá, la respuesta a la dicotomía es clara, pese a quien le pese, Darth Vader ha ganado. Seguiré expectante, aunque sin ser socio.

La neocensura televisiva

El pasado martes se censuró una parte del programa de Jesús Quintero. En concreto la entrevista realizada a José María García.

Los argumentos dados por los responsables de TVE han sido de los más peregrinos: «insultos y descalificaciones vertidos contra políticos, empresarios y periodistas».

Hoy he podido ver los videos de la entrevista publicados por El Mundo y puedo asegurar que si comparamos este video con otros programas emitidos en televisión como DEC de Antena 3, Gran Hermano o sus Debates de Tele 5, la verdad es que en lo que respecta a insultos no se sostiene y en lo que respecta a descalificaciones, no dejan de ser opiniones de un personaje público que comparadas con aquellas procedentes de actos parlamentarios o de comentarios realizados por distintos políticos o diversas asociaciones ciudadanas y difundidas por TVE tampoco es plausible dicho argumento.

Este asunto me trae a la memoria la fulminante desaparición del programa Caja de Ritmos, emitido un sábado por la mañana, en el que aparecían Las Vulpes cantando aquella famosa canción de original estribillo:
«…me gusta ser una zorra…»

Aquellos no tan lejanos tiempos.

Del calentamiento global

Parece que los gobernantes españoles están preocupados por el cambio climático, sobre todo desde la visita de Al Gore y han decidido articular medidas para disminuir la polución ambiental, el CO2 vertido de forma constante y desmesurada a la atmósfera.

Entre otras cosas y según el artículo periodístico aparecido en el diario El Mundo se aportará por la aquitectura bioclimática, el transporte por barco (¿con barcos punteros como el famoso Prestige?), cambio de calderas, sistemas de programación de temperatura (¡como estén basados en Windows!) y más suela de zapato o transporte público.

Ante estos hechos me gustaría saber que capacidad tiene el Estado Central de obligar a los gobiernos autonómicos de cumplir ciertas normas, pero sobre todo lo más preocupante es lo que ocurre en la propia industria productora de energía y en la propia administración.

En esta última parte puedo indicar que, en general, la administración promulga leyes para que estas sean cumplidas por los ciudadanos, pero no por ella misma, es ajena e inmune a esas leyes.

Construye túneles para fomentar el tráfico privado y luego apuesta por el público. No se cumplen con los preceptivos estudios de impacto ambiental o se intenta burlar la normativa realizando subdivisiones aritficiales. No se respetan los márgenes aceptables de ruido. Existen coches oficiales que consumen como tanques, tanques y aviones que consumen como centrales de ciclo combinado. Se construyen edificios majestuosos pero sin criterio de ahorro energético, se saltan todas las normas de ahorro y calidad en las viviendas de protección oficial… En fin una innumerable cantidad de incumplimientos que sería tedioso relatar, pero, dado el tipo de vida actual del ciudadano medio que pasa más tiempo en el lugar de trabajo que en su propia casa consumiendo, es ahí dónde se debe incidir y como no, educar.